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Periódico de distribución gratuita. Año 511 - N° 511 - FEBRERO 2018

Me vienen estafando desde que dejé la teta de mi mamá

ESCRIBE ALEJANDRA ELSTEIN

Miradas

2018-01-23 | Me di cuenta hace poco, mientras intentaba corregir algunos hábitos alimenticios para mejorar el tratamiento contra el cáncer. A medida que buscaba información me sentía como si estuviese descubriendo una infidelidad de veinte años de mi esposo. ¿Y yo dónde estaba?, me preguntaba mientras me enteraba que una nutricionista decía: “lo que se vende en el supermercado, no sirve nada”.
Mi infancia estuvo plagada de leche chocolatada en el desayuno, masitas Lincol y Variedades, milanesas con papas fritas, fideos con crema y tuco, pizzas y jugo en botella, pan con mortadela y mayonesa, helados, tortas fritas, tortas de aceite, tortas y churros y más tortas. Carnes rojas con puré. Asados y choripanes, Coca Cola era mi mayor delicia y leche, mucha leche a cualquier hora, cuando saltara el hambre y mientras veía el Gran Chaparral a la siesta un vaso de leche.
La carasucia en el recreo largo, torrejas fritas y albóndigas en el almuerzo, pan con manteca y azúcar en la merienda, bizcochitos en el comedor de la Universidad.
A veces me sentaba a leer un libro con un pedazo de pan crocante que devoraba sentada en el sillón del living. El jugo del huevo frito que dejaba para el último y donde metía el pan para deleitarme.
Veneno. Toda la gente que me quería y agasajaba con algo rico me estaba envenenando. Y yo sin saberlo. Las pizzas caseras de mi hermana, las tortas de mi tía, la manteca Sancor de mi papá, los alfajores de Maicena que llevábamos a Alpa Corral. Todo mal.
Y lo peor, es que yo repetí las recetas con mis hijos. “Tomen un vaso de leche que así van a tener dientes fuertes”, “comé la carne que te alimenta”.
Ahora me dicen, con explicación científica mediante, la teoría de los cinco venenos blancos: leche, harina, azúcar, arroz y sal. ¿Qué me queda? Carnes rojas. Tampoco. ¿Vieron cuando la carne asada queda quemadita y tan sabrosa? Bueno, ese quemadito parece que también es cancerígeno. ¿Y el pollo? Pura hormonas.
De acuerdo a estas teorías en la mayoría de las heladeras que conozco, inclusive la mía, y en las alacenas que solía envidiar porque estaban llenas de cosas ricas, sólo había productos que te hacían mal.
Ahora todo se centra en las semillas, las frutas y las verduras, los frutos secos y la leche de almendras. Para mí las semillas siempre fueron para los pajaritos y la leche era una sola, la de la vaca. ¿Se animan a festejar un cumpleaños sin choripanes, galletitas, papas fritas, gaseosas, torta o chizitos? ¿Dónde ponemos la vela? ¿En un zapallo? ¿Cómo vuelve tu hijo al colegio sin que le hagan buling?
¿Y si invito a comer a mis amigos y ofrezco una rica ensalada con quínoa y remplazo el fernet por jugo de remolacha un sábado a la noche? ¿Se animarán a volver?
Pero la mentira no queda ahí. Fíjese en su alacena. Encontrará fuentes y ollas de acero inoxidable, teflón o aluminio, ensaladeras de plástico o acrílico. Nada de eso es lo recomendable. Todos emiten productos cancerígenos. Sólo hay que usar vidrio o cristal tipo Pirex. Es decir, que ha gastado una pequeña fortuna en comprar elementos de cocina que afectan su salud.
Y volvemos a la comida. Ingerir ensaladas y verduras no te garantiza nada porque además tienen pesticidas y otros contaminantes. Así que sólo hay que buscar lo orgánico. ¡Socorro! ¿Dónde lo consigo y cuánto lo pago?
Y hasta el aceite de girasol es contraproducente para la salud, tanta publicidad a la que le hacía caso y me estaban mintiendo. Sólo Olica extra v´rigen o aceite de lino, entre otros más naturales.
S.O.S fui estafada por las multinacionales del aceite y la leche durante 50 años. Hay que cambiar y hay que empezar ahora.
De todo esto lo único que todavía queda en pie, es la copita de vino tinto. Bueno, algo es algo.
Y ahora, la gran pregunta de todos los días, ¿Qué hago de comer?